Por Miguel Colazo
Se han concretado ya las tres primeras fechas del campeonato mundial de rallies más devaluado de los últimos tiempos. Mientras todos esperan la próxima temporada para salir con los nuevos autos y el reglamento que hará una mezcla de los Super 2000 y los nuevos World Rally Cars 1.600, con un número creciente de equipos oficiales, por ahora sigue la misma melodía interpretada por Citroen y Ford, con sus equipos satélites.
La apertura en Suecia, con victoria de Miko Hirvonen y el Ford Focus sobre Sebastián Loeb y el Citroen C4, en plena nieve, trajo la esperanza de que probablemente podría haber un poco más de lucha entre los dos contendientes.
Pero ya en tierra mexicana, la supremacía de Citroen, no solo a través de sus autos oficiales sino también con los de su equipo Junior, puso las cosas en su lugar y nos llevó de nuevo el pensamiento a aquellos días en los cuales Loeb hacía lo que quería, como Schumacher en sus mejores tiempos de Ferrari en la F1.
Pero venía la carrera de Jordania y de nuevo se dio la oportunidad de haber visto algo más peleado. Luego de una primera etapa en la cual Jari Matti Latvala, con el Ford, salió a demostrar de una buena vez que ya era un piloto de pantalones largos, en tanto Loeb y Hirvonen reservaban su estrategia para jugarse el resto a partir de la segunda etapa, cuando llegó esta y en pleno duelo que podía haber alcanzado niveles altísimos de emoción, viene que Hirvonen comete lo que él mismo dio en llamar “un estúpido error conductivo”, se pega con el Focus un golpe que no debió haber sido y queda fuera de carrera, dejando el banquete pascual servido en bandeja para su archirival francés.