Por Miguel Colazo
En dos domingos consecutivos de F1, se vivieron en la categoría situaciones que hacía tiempo no se daban y estas le han dado al campeonato un sabor especialísimo cuando se entra a transitar por lo que serían los capítulos definitorios del certamen.
El veloz trazado de Silverstone, en Gran Bretaña, dio pie para un resurgimiento notable del equipo Ferrari, que se venía
insinuando mas no concretando. El cómodo uno-dos de las rojas máquinas de Maranello se vio ensombrecido por una sutil orden impartida a Felipe Massa, al más puro estilo de la película “Bastardos sin gloria”, de Quentin Tarantino: “Fernando es más rápido que tú. ¿Entendiste el mensaje?”. Y el pobre Felipinho, al igual Rubinho cuando el “rey” era Michael Schumacher, tuvo que levantar el acelerador y hacerse a un costado, dejando que ganara quien debía ganar, o sea el español, que ya tuvo ese tipo de problemas con coequipers, con Kovalainen en Renault y con Hamilton en McLaren.
Pero, en el Hungaroring de Budapest, Hungría, el circuito más antiguo técnicamente hablando, con asfalto viejo, angosto, una calle de boxes demasiado fina, curvas complicadas y un trazado que nadie imitaría en un circuito nuevo de estos días, Red Bull volvió con todo y hasta el sábado sus autos mostraron una superioridad tan grande que todo el mundo se imaginaba una carrera aburridísima para el domingo.
Sin embargo, no fue así por nada del mundo. Vettel picó en punta como una exhalación y Alonso se metió segundo, delante de Webber, Massa y el resto. Al cabo de las primeras diez vueltas se veía venir la carrera aburrida que todos habían pensado, pero apareció sorpresivamente un auto de seguridad sobre la pista y se gestó otra historia.
Vettel saltó por encima del pianito de entrada a la “pit lane” y se fue urgente a los boxes, lo mismo que Alonso y la mayoría de los pilotos de punta, que rápidamente cambiaron neumáticos, pusieron los duros y se alinearon en fila detrás del “pace car”, no sin antes darse roces, toques y la voladura de un neumático en los boxes.
De esa maniobra inesperada quedaron dos cosas a la vista: primero que Mark Webber no pudo entrar a hacer el recambio de gomas y quedó en la vanguardia, pero sin que nadie pagara dos mangos por su chance en una carrera que recién empezaba. Segundo y para suerte de Ferrari, que Sebastián Vettel no había respetado la distancia con respecto al coche piloto, por lo que se le vino encima un “pase y siga” que le significaba perder la punta con Alonso y….recuperarla, jamás….
Todo parecía responder a un libreto hecho para Ferrari, pero….no contaban con “el leñador”, como el “tano” Juan Fazzini le llama a Mark Webber para atraer a mi memoria al más célebre “leñador” de la historia de la literatura erótica del Siglo XX, el “amante de lady Chatterley”….
En esa nueva carrera, Webber empezó a marcar récord tras récord, bajando en más de ocho oportunidades el récord de vuelta, recordando una gesta histórica de Fangio en Nürburgring en los años 50. Y el australiano tiró con las gomas blandas hasta la vuelta 42, de un compromiso pactado a 70 rondas. Y entró en busca de caucho nuevo para tirar hasta el final, le cambiaron el rodado en tiempo récord y volvió a la pista conservando el primer lugar, haciendo que Christian Horner, el director del equipo Red Bull, se pusiera de pie y aplaudiera la maniobra y la estrategia. Costaba creerlo hasta mirándolo por televisión.
Con las gomas duras recién puestas “el leñador” estampó un nuevo récord de vuelta y la carrera se acabó. Gran victoria de un hombre que no estaba para eso ni en los cálculos previos ni tras la primera decena de vueltas en carrera. Alonso haciendo un gran negocio se mantuvo segundo y lo contuvo a un Vettel que protestó por su sanción adentro y afuera del auto. Llegó tercero y con bronca precediendo a Massa, Petrov y Hulkenberg, quienes mostraron el ímpetu de la sangre nueva. Ahora el campeonato muestra adelante a Webber con 161 puntos, Hamilton (que abandonó) con 157, Vettel 151, Button 147 y Alonso 141….Cinco nombres para hacer juego a futuro.


