Por Miguel Colazo
Cada carrera de Fórmula 1 tiene su característica especial, pero el Gran Premio de Bélgica es el que más juega con las nubes y las posibilidades de lluvia de distinta graduación a lo largo de su recorrido. Es muy difícil hacer un anticipo de ganador en una prueba en la que las estrategias o los golpes de escena pueden cambiar el panorama de un momento al otro.
La edición de este año venía con cinco candidatos firmes al título y con expectativas muy especiales, a partir de la remontada que mostró el equipo Ferrari en las dos competencias anteriores, con un Fernando Alonso que en ellas rescató un triunfo y un segundo puesto.
Sin embargo, desde el viernes en los entrenamientos oficiales, la lluvia se encargó de poner una cuota de suspenso que recién se disipó el domingo cuando se cumplieron las 44 rondas reglamentarias al circuito más extenso que transita la categoría, el de Spa Francorchamps.
Tras una prueba clasificatoria en la que Mark Weber aprovechó mejor que nadie el momento de pista limpia y se quedó con la “pole position”, Lewis Hamilton sacó en el último minuto y bajo una garúa que molestaba mucho el segundo mejor registro, Roberto Kubica se ubicaba tercero en la grilla, Vettel quedaba cuarto, Button quinto y Fernando Alonso en el décimo lugar.